La primera imagen que vi de Frida Kahlo fue “La venadita herida”. Me conmovió profundamente. No era Cristo, ni San Sebastián. Era una venadita con rostro de mujer y nueve flechas clavadas en el cuerpo. En la pintura mira algo que no vemos, ¿nos mira? o ¿mira a la muerte?

Durante el proceso creativo de la película “Dos Fridas”, viví encuentros inolvidables con personas que conocieron a Frida Kahlo, y a su enfermera, Judith Ferreto. Entonces descubrí que Judith, en sus últimos años de vida, se sentía poseída por la pintora.

A lo largo de los años fui juntando imágenes, cartas, pinturas, biografías, escritos y músicas de la época en que vivieron Frida y Judith. También busqué en el imaginario del arte popular mexicano: los retablos o exvotos, rituales y ofrendas.

He querido entrar en el mundo interior de los personajes, revivir sentimientos; sumergirme en la racionalidad mítica; entrelazar el continuum del espacio-temporal con las rupturas del tiempo, con las diferentes dimensiones, cuando la imaginación se funde con la realidad y los sueños se alimentan de recuerdos.